RAMON LOPEZ VELARDE

(1888-1921)

Nace el 15 de junio de 1888 en Jerez, Zac. A los doce años es enviado a estudiar al Seminario Conciliar de Zacatecas, de donde pasa al de Aguascalientes. Hacia 1906 inicia sus estudios preparatorios en esta última ciudad y, dos años más tarde ingresa como estudiante de Jurisprudencia en la facultad de San Luis Potosí. en 1910 conoce a Francisco I. Madero que comenzaba su pasión revolucionaria. Se adhiere a su causa y colabora quizás en la formulación del Plan de San Luis, pero no se entrega a la aventura de la Revolución sino que continúa su carrera que concluirá en 1911 en que recibe su título de abogado. El año siguiente, hace una primer viaje a la ciudad de México y obtiene su primera ocupación como juez del lugar denominado Venado, S.L.P. Inconforme con su suerte o impelido por la tormenta revolucionaria, se traslada definitivamente a la capital, en 1914. En varios periódicos de provincia y de la ciudad de México publica con regularidad algunos poemas, periodismo político, ensayos breves y crónicas: en El Regional, de Guadalajara, en 1909; en La Nación, de México, en 1912; en El Eco de San Luis, en 1913; en El Nacional Bisemanal, de México, en 1915-1916; en Revistas de Revistas, de México, en 1915-1917; en Vida Moderna, de México, en 1916, y en Pegaso, de México -revista de la que es codirector junto con Enrique González Martínez y Efrén Rebolledo-, en 1917. En la capital cumple el destino oscuro de los pretendientes sin título en la corte. Ocupa modestos puestos burocráticos y docentes, entabla rápidas y efectivas amistades entre el mundillo periodístico-bohemio y se inicia con arrojo, pero también con su timidez y su freno religioso, en un erotismo al alcance de sus posibilidades. Comienza a publicar sus versos.

En 1916 aparece su primer libro -proyectado desde 1910- editado por la revista en que entonces colaboraba (Revista de Revistas). Su título y su mensaje delatan al provinciano que aún no olvida ni su provincia ni el fervor por su pureza: La sangre devota. De la principal inspiradora de sus primeros poemas, Josefa de los Ríos, Fuensanta para él, sabemos que había nacido también en Jerez, en 1880 -era pues ocho años mayor que el poeta-, y que murió en el Valle de México, la primavera de 1917. Podemos suponer, además, que este amor primero no pasó del límite de los versos y que, con él, perdió López Velarde las amarras que más profundamente lo sujetaban al mundo de su adolescencia. En su segundo libro, Zozobra, de 1919, puede advertirse ya la marca que habían dejado en su ánimo las experiencias de la ciudad - "flores de pecado" las llamaba. Tiene ya treinta y un años; continúa soltero y, amando a todas las mujeres, ninguna lo acompaña constante. Dos años más tarde, en 1921, muere la madrugada del 19 de junio asfixiado por la neumonía y la pleuresía, en una casa de apartamentos de la Avenida Alvaro Obregón, entonces Avenida Jalisco. Lo habían matado dos de esas fuerzas malignas de las ciudades que tanto temiera: el vaticinio de una gitana que le anunció la muerte por asfixia y un paseo nocturno, después del teatro y la cena, en que pretendió oponerse al frío del valle, desarmado, porque quería seguir hablando de Montaigne.

Bibliografía:

Ramón López Velarde. Obras. José Luis Martínez. pp. 10-12.